20 de junio de 2026
3 min lectura
Una palabra de 16 letras para la octava potencia de un número te cuesta 8 segundos de foco. El coste oculto del vocabulario innecesario.
Leer «zenzizenzizenzic» te toma 8 segundos. Es el tiempo que necesitas para procesar 16 letras que nombran algo que ya sabes expresar en 3: «octava potencia». Esa brecha entre leer y comprender es el coste oculto del vocabulario innecesario.
Cada vez que eliges una palabra rara en lugar de una común, le exiges a tu cerebro un trabajo extra de decodificación. No es solo pedantería: es un microcorte en el flujo de atención. En un mundo donde el foco es el recurso más escaso, usar «zenzizenzizenzic» en lugar de «octava potencia» es como pagar un café con una moneda de 500 pesos: técnicamente funciona, pero ralentiza todo el sistema.
El problema no es la palabra en sí —es una curiosidad histórica fascinante— sino la tentación de usarla donde no aporta claridad. Cada término innecesario es un ladrillo en el muro entre tú y tu lector.
Antes de escribir una palabra poco común, pregúntate: ¿mi lector la entenderá al instante? Si la respuesta es dudosa, sustitúyela por una expresión más simple. La claridad siempre gana.
Revisa tus textos en busca de «zenzizenzizencos»: términos que usas por costumbre o para sonar experto, pero que añaden fricción. Si puedes decir lo mismo con menos sílabas, hazlo.
Entrena tu oído para detectar jerga innecesaria: cuando leas en voz alta, nota las pausas y los titubeos. Cada uno es una señal de que la palabra no encaja.
“Leer «zenzizenzizenzic» cuesta 8 segundos de foco que podrías haber ahorrado con tres palabras llanas.