
21 de junio de 2026
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Un invento de los 70 resolvía la falta de termómetro en el coche. Hoy pagamos un precio mayor por cada distracción que añadimos.
En los años 70, saber la temperatura exterior mientras conducías requería pegar un termómetro de mercurio al retrovisor con cinta adhesiva. Ese invento casero resolvía una carencia: los coches de gama baja no traían termómetro de serie. Hoy, ese mismo gesto de añadir una función se ha multiplicado por cien, pero el precio ya no se paga en pesetas, sino en atención.
Cada pantalla, sensor y notificación que añadimos a nuestro entorno promete resolver una carencia, igual que aquel termómetro. Pero a diferencia de un termómetro analógico, las soluciones digitales no se limitan a informar: compiten por tu foco. Un estudio de la Universidad de California Irvine encontró que, tras una interrupción, se necesitan 23 minutos de media para retomar el nivel de concentración anterior. Cada "pequeña mejora" que instalamos en nuestro día a día —una app nueva, una notificación más, un widget— es un termómetro en el retrovisor que, en lugar de informarte, te distrae.
“Aquel termómetro de retrovisor no pedía atención; hoy cada "mejora" digital nos cuesta 23 minutos de concentración.