
22 de junio de 2026
3 min lectura
En 1983, Northern Telecom lanzó un teléfono con pantalla táctil y módem que ya prefiguraba la sobrecarga informativa actual.
En 1983, Northern Telecom lanzó el Commodore Phone: un teléfono con pantalla táctil, módem integrado y capacidad de almacenar 200 contactos. Cuatro décadas después, cada uno de esos contactos puede interrumpirte en cualquier momento desde un dispositivo que no apagas nunca.
El Commodore Phone fue un fracaso comercial: costaba 1.200 dólares de la época (unos 3.600 actuales) y ofrecía funciones que nadie sabía que necesitaba. Pero su arquitectura —pantalla, datos, conectividad— es la misma que gobierna tu atención hoy. La diferencia es que ahora llevas esa máquina en el bolsillo y nunca descansas.
El diseño original pretendía centralizar la comunicación: una agenda telefónica digital, un módem para transferir datos y una pantalla que mostraba información. Lo que parecía eficiencia se convirtió en la plantilla de la interrupción permanente.
“El Commodore Phone de 1983 costaba 3.600 dólares actuales y guardaba 200 contactos; hoy pagas menos por un dispositivo que te interrumpe con miles de ellos cada día.