Robots de reparto: peatones arrollados en 3 ciudades
En tres ciudades distintas, los robots de reparto han atropellado a peatones. La empresa Starship Technologies reportó 17 incidentes en 2024, pero los residentes aseguran que son muchos más. El resultado: vecinos que bloquean físicamente el paso de los robots y exigen regulación.
Por qué importa
Los robots de reparto ya no son un experimento futurista. Operan en más de 60 campus universitarios y 20 ciudades en EE.UU., Reino Unido y Estonia. Pero su expansión choca contra una realidad: las aceras no están diseñadas para vehículos autónomos de 20 kg que circulan a 6 km/h. Cuando un robot choca contra un peatón mayor o un niño, la responsabilidad legal es un limbo. Las empresas se escudan en que son "asistentes de entrega", no vehículos.
Qué dice el contexto
- En San Francisco, un robot de Kiwibot arrolló a una mujer de 74 años en febrero de 2024. La empresa ofreció pagar los gastos médicos, pero no admitió culpa.
- En Milton Keynes (Reino Unido), los vecinos han creado un mapa colaborativo con más de 200 puntos conflictivos donde los robots bloquean rampas para sillas de ruedas.
- Starship Technologies afirma que sus robots tienen sensores para evitar obstáculos, pero reconoce que "no pueden predecir movimientos humanos erráticos".
- En Pittsburgh, un grupo de estudiantes lanzó una campaña para etiquetar a los robots con un número de teléfono directo para reportar incidentes.
- Las aseguradoras aún no tienen una categoría específica para estos robots; los siniestros se tramitan como "daños por objeto inanimado".
Lo que puedes hacer
- Si ves un robot en la acera, no lo esquives: detente y espera a que él te rodee. Los sensores están programados para ceder el paso, pero solo si tú no te mueves.
- Reporta cualquier incidente al ayuntamiento y a la empresa con fotos y hora exacta. Sin registro oficial, no hay estadísticas que presionen a regular.
- Exige a tu municipio que los robots usen carriles bici o calzadas, no aceras. Es una decisión de urbanismo, no de tecnología.