7 de mayo de 2026
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El permacomputing aplica la ética de la permacultura al hardware y software: menos consumo, más reparación, y un uso consciente de los recursos digitales.
El permacomputing propone 10 principios para diseñar sistemas informáticos que respeten los límites planetarios. No es una moda: es una respuesta directa a la obsolescencia programada, la minería de litio y la nube que consume más energía que países enteros.
Cada búsqueda en Google, cada streaming, cada actualización de software consume recursos físicos: chips, baterías, electricidad. El permacomputing recuerda que la tecnología no es virtual, sino material. Sus principios —como "Cuidar todo el hardware, especialmente los chips" u "Observar antes de actuar"— chocan frontalmente con la cultura del descarte y la actualización perpetua.
Para el usuario consciente, esto implica una pregunta incómoda: ¿cuánto de mi vida digital es realmente necesario? El permacomputing no pide volver a la edad de piedra, sino elegir herramientas que duren, que se reparen, que hagan lo justo sin derrochar.
“El permacomputing no es una técnica, sino una ética: usar la tecnología con la misma responsabilidad con la que cuidamos un jardín.