
10 de mayo de 2026
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Los padres modernos duermen peor que sus antepasados, pero no por falta de horas, sino por expectativas irreales y tecnología que fragmenta el descanso.
Los padres de hoy reportan más privación de sueño que los de hace siglos, pero no porque duerman menos horas. La diferencia está en la expectativa: ellos aceptaban despertares nocturnos como parte natural de la crianza; nosotros los vivimos como un fracaso personal.
Un estudio de la Universidad de California reveló que las sociedades industriales duermen en promedio más que las cazadoras-recolectoras (7-8 horas frente a 6-5,5). Sin embargo, la percepción de fatiga es mayor en las primeras. ¿La razón? El sueño moderno está medicalizado: creemos que debe ser ininterrumpido, de ocho horas exactas, y cualquier desviación es un problema que resolver con apps, suplementos o dispositivos.
Para los padres, esto es una trampa. Los bebés se despiertan por naturaleza, pero la cultura del sueño perfecto convierte cada despertar en una crisis. El resultado: ansiedad, más pantallas para “relajarse” y un círculo vicioso que empeora el descanso.
“Dormir peor que tus antepasados no es un problema de horas, sino de expectativas: ellos descansaban sin culpa; nosotros medimos cada despertar como un error.