
24 de mayo de 2026
3 min lectura
Al menos la mitad de los objetos que orbitan la Tierra son basura, y solo rastreamos los más grandes. El resto, fragmentos letales e invisibles.
Al menos la mitad de los 20.000 objetos rastreados en órbita terrestre son basura espacial. Y la Red de Vigilancia Espacial de EE. UU. solo puede detectar objetos mayores de 10 centímetros. El resto, fragmentos más pequeños pero igual de letales, son invisibles y su número se multiplica.
Cada uno de esos fragmentos viaja a velocidades de hasta 28.000 km/h. A esa velocidad, un tornillo de 1 cm puede perforar un satélite activo o la Estación Espacial Internacional. No hay forma de esquivar lo que no se ve.
La industria espacial vive un boom: Starlink, OneWeb, proyectos de internet satelital. Más satélites significa más riesgo de colisiones, que generan más fragmentos. El síndrome de Kessler —una cascada imparable de colisiones— ya no es ciencia ficción, sino una posibilidad real que amenaza las comunicaciones, la navegación GPS y la observación de la Tierra.
“10.000 fragmentos de basura espacial son invisibles para los radares, viajan a 28.000 km/h y amenazan la infraestructura satelital de la que dependemos cada día.