
30 de abril de 2026
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Dos turistas liberan bogavantes en Nápoles creyendo hacer el bien. Los ecologistas explican por qué es un error que puede costar caro.
Dos turistas estadounidenses compraron todos los bogavantes del vivero de un restaurante en Nápoles y los liberaron en el mar. Su gesto, grabado y subido a redes sociales, fue aplaudido por muchos. Los ecologistas, en cambio, lo califican de irresponsable: esos animales no sobrevivirán y pueden dañar el ecosistema local.
La acción, movida por la empatía hacia los animales, ignora la biología básica de los bogavantes. Los ejemplares criados en cautividad o mantenidos en tanques climatizados no están preparados para las condiciones del mar abierto: temperatura, salinidad, depredadores y disponibilidad de alimento. Liberarlos es, en la práctica, condenarlos a una muerte lenta.
Además, si los bogavantes no son de la zona (muchos provienen de criaderos o de otras regiones), sueltas una especie foránea que puede alterar el equilibrio del ecosistema. En Cerdeña, por ejemplo, las langostas ya son consideradas una plaga debido al calentamiento del mar. Introducir más ejemplares agrava el problema.
“La compasión sin conocimiento puede ser más destructiva que la indiferencia.