
13 de mayo de 2026
3 min lectura
En el juicio más mediático de la inteligencia artificial, los asientos incómodos revelan una verdad sobre nuestra relación con la tecnología.
En el juicio que enfrenta a Elon Musk y Sam Altman, todos los presentes usan cojines de diseño para soportar las largas horas en la sala. La ironía es inevitable: dos titanes de la tecnología, que prometen revolucionar el trabajo y la vida, no pueden resolver un problema tan básico como sentarse ocho horas seguidas.
La escena es un espejo de nuestra época. Gastamos fortunas en sillas ergonómicas, escritorios ajustables y cojines de espuma viscoelástica, pero seguimos atados a una silla durante jornadas interminables. La tecnología no nos ha liberado del malestar físico; lo ha maquillado con productos caros.
Para el lector de Puro Flusso, esta noticia es una señal de alarma. Si los líderes de la inteligencia artificial no pueden escapar de la incomodidad de una sala de tribunal, quizá deberíamos preguntarnos si nuestras herramientas digitales realmente mejoran nuestra calidad de vida o solo añaden capas de consumo a problemas ancestrales.
“La tecnología no puede comprar la comodidad que el movimiento te da gratis.