El franquismo llevó a Unamuno y Borges a cada hogar: ¿qué significa para nuestra relación con la cultura?
En plena dictadura franquista, un proyecto editorial ambicioso distribuyó obras de Unamuno y Borges en todas las casas de España por 25 pesetas. La cultura se volvió accesible, pero también fue instrumentalizada. Hoy, con el exceso digital, la lección es clara: la abundancia sin criterio no libera, satura.
Por qué importa
El régimen franquista entendió que controlar la cultura era clave para el poder. Pero al mismo tiempo, democratizó el acceso a autores que, irónicamente, habían sido críticos con el régimen (Unamuno murió bajo arresto domiciliario). Este doble filo —acceso masivo vs. control ideológico— resuena hoy: las plataformas digitales nos ofrecen bibliotecas infinitas, pero a costa de nuestra atención y autonomía. ¿Qué elegimos leer cuando todo está disponible?
Para el lector contemporáneo, la lección es doble. Primero, la accesibilidad no garantiza profundidad. Segundo, el contexto político y económico moldea lo que leemos, incluso cuando creemos elegir libremente. La pregunta no es solo qué leemos, sino por qué y para quién.
Qué dice el contexto
- El proyecto editorial franquista distribuyó libros a 25 pesetas (unos 0,15 € actuales) en todos los hogares, incluyendo a Unamuno, que había muerto bajo vigilancia del régimen, y a Borges, un autor extranjero que luego sería canonizado.
- Unamuno, en 1936, fue acusado falsamente de financiar el golpe de Franco; un documento que lo vinculaba resultó ser una falsificación (las impresoras matriciales no existían entonces).
- Borges mantuvo una relación ambivalente con España: en su ensayo “Nota de un mal lector” exhibe una ambigüedad deliberada hacia la cultura española.
- La editorial Sudamericana, fundada por exiliados republicanos, publicó a Borges en Argentina, mientras que en España el régimen controlaba qué llegaba a las librerías.
- Proyectos digitales actuales, como el Borges Center, digitalizan manuscritos para preservar la obra, pero la abundancia digital no resuelve el problema de la atención.
Lo que puedes hacer
- Elige un autor, no un catálogo. En lugar de suscribirte a una biblioteca digital infinita, comprométete a leer una obra completa de Unamuno o Borges este mes. La profundidad sobre la cantidad.
- Cuestiona el contexto de lo que lees. Pregúntate quién publica, por qué y con qué agenda. La transparencia editorial es tan relevante hoy como en el franquismo.
- Desconéctate para leer. Reserva 30 minutos al día sin pantallas para un libro físico. La tecnología debe servir a la lectura, no al revés.
En una frase
“
La cultura masiva no es sinónimo de cultura libre: el acceso sin criterio es otra forma de control.