
7 de junio de 2026
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En 1852 unos topógrafos midieron el Everest en exactamente 29.000 pies y, por miedo a que nadie lo creyera, añadieron dos. Lecciones sobre cómo la incredulidad distorsiona los datos.
En 1852, el Gran Proyecto de Topografía Trigonométrica de la India determinó que la altura del pico XV —hoy Everest— era exactamente 29.000 pies. El equipo, liderado por Andrew Waugh, pensó que esa cifra redonda parecería inventada. Así que le sumaron dos pies, dejándola en 29.002.
Ajustar un dato para que suene más creíble es un sesgo que sigue vivo. En 2020, Nepal y China midieron el Everest con GPS y lo fijaron en 8.848,86 metros. La diferencia con la medición de 1852 es mínima (solo unos centímetros), pero el acto de maquillar el número revela algo más profundo: la desconfianza en los datos precisos cuando contradicen nuestras expectativas.
Para quien busca claridad mental y productividad consciente, esta historia es una advertencia. Aceptar lo que los datos muestran —aunque parezca demasiado perfecto— es el primer paso para tomar decisiones informadas. Si los topógrafos hubieran publicado 29.000, hoy nadie dudaría de su precisión.
“En 1852, los topógrafos del Everest midieron exactamente 29.000 pies y, por miedo a que nadie lo creyera, añadieron dos: el sesgo de credibilidad sigue vivo hoy.