5 de mayo de 2026
3 min lectura
Incluir errores a propósito ya no es descuido, sino señal de autoridad humana. ¿Qué implica para tu tiempo y atención?
Escribir con errores deliberados se ha convertido en símbolo de prestigio. Lo que antes era descuido hoy es prueba de humanidad. Y en un mundo donde la IA genera textos perfectos, la imperfección se cotiza al alza.
El artículo de El País revela una paradoja: cuando todo el mundo puede producir textos pulidos con IA, la imperfección se vuelve un lujo. Quienes pueden permitirse el error —porque su autoridad está fuera de duda— lo usan como firma. El resto, en cambio, se esfuerza por borrar cualquier rastro de máquina.
Para el lector de Puro Flusso, esta tendencia tiene dos caras. Por un lado, libera: ya no necesitas obsesionarte con la corrección absoluta. Por otro, añade una nueva capa de ruido: ¿cuándo un error es auténtico y cuándo es pose? La atención se desgasta en descifrar intenciones.
Elige un error con sentido. No añadas faltas al azar. Un error que refleje tu voz —una repetición que usas a menudo, una coma que siempre pones mal— es más auténtico que una errata forzada.
Prioriza el fondo sobre la forma. Si tu contenido es valioso, un error ocasional no lo desmerece. Dedica el tiempo que ahorras en pulir a investigar o reflexionar mejor.
Desactiva la corrección automática en borradores. Escribe primero sin filtros; luego decide qué errores conservar como parte de tu estilo. Así evitas la parálisis por perfección.
“En un mundo de textos perfectos, la imperfección auténtica es el nuevo lujo.