
5 de mayo de 2026
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La secuela divide a la crítica: ¿es un larguísimo anuncio o una crítica al deterioro de los medios? Lo que revela sobre nuestra relación con el consumo y el tiempo.
La crítica de Xataka sentencia: "Sin luz, sin alma y sin nada interesante que decir: 'El Diablo viste de Prada 2' es simplemente un larguísimo anuncio de marcas de moda". Otras voces, como Fotogramas, la califican con cuatro estrellas y la consideran superior a la original. ¿Quién tiene razón? Más allá del debate cinéfilo, la película expone una verdad incómoda sobre cómo consumimos contenido y cómo las marcas han colonizado nuestra atención.
No se trata de si la película es buena o mala. Se trata de que una producción mainstream, con actores de primer nivel y presupuesto millonario, sea percibida abiertamente como un anuncio. Esto refleja un fenómeno que afecta a todo lo que consumimos: la línea entre entretenimiento y publicidad se ha borrado. Para el espectador consciente, cada minuto frente a la pantalla es una transacción: cedes tu atención a cambio de una historia, pero cada vez más esa historia está al servicio de venderte algo.
La crítica de Rolling Stone en Español señala que "ya no se trata de aprender sobre el mundo de la moda. Se trata de sobrevivir dentro de un sistema donde escribir bien no garantiza nada". La revista Runway, en la ficción, está agonizando: menos presupuesto, más presión comercial. Espejo de los medios reales, donde el contenido se doblega a los intereses de los anunciantes. Si una película sobre ese tema termina siendo ella misma un anuncio, la ironía es brutal.
“El Diablo viste de Prada 2 no es solo una película: es un síntoma de cómo el contenido se ha convertido en el vehículo perfecto para secuestrar nuestra atención y vendérsela a las marcas.