
17 de mayo de 2026
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Nuestro sueño bifásico y la crianza colectiva eran la norma evolutiva. Forzar lo contrario nos enferma. Cómo recuperar lo esencial.
El 40% de los adultos duerme menos de 7 horas diarias, y las tasas de ansiedad infantil se han duplicado en 20 años. No es casualidad: nuestro cuerpo y mente evolucionaron para un ritmo de vida que hemos abandonado por completo.
La ciencia del sueño revela que el descanso bifásico —dos bloques de 3–4 horas con una vigilia intermedia— fue la norma durante milenios. La revolución industrial nos impuso el sueño monolítico de 8 horas seguidas. El resultado: insomnio crónico, fatiga y una epidemia de trastornos metabólicos.
La crianza en tribu, donde abuelos, tíos y vecinos compartían la carga, ha sido reemplazada por el aislamiento de la familia nuclear. Las madres y padres actuales enfrentan niveles de estrés que duplican los de generaciones anteriores, según estudios longitudinales.
“Dormir en dos turnos y criar en comunidad no era un defecto, sino el diseño original de nuestra especie.