
16 de mayo de 2026
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Un estudio revela que dormir cuatro horas afecta al rendimiento tanto como tener 0,6 g/L de alcohol en sangre. Salvo que tengas una mutación genética rara.
Dormir cuatro horas y luego trabajar equivale a hacerlo con una tasa de alcoholemia de 0,6 g/L — seis cervezas de más. No es una exageración: es la conclusión de un estudio que mide el deterioro cognitivo real. Y no, el café no lo arregla.
La cultura del "duermo poco y rindo más" sigue vigente en startups, consultoras y perfiles ejecutivos. Pero los datos son tozudos: la privación de sueño crónica reduce la capacidad de atención, memoria y toma de decisiones al mismo nivel que un estado de embriaguez leve. Las empresas que premian el presentismo y las jornadas interminables no están fomentando la productividad, sino el error sistemático.
Además, el estudio identifica un grupo minoritario (menos del 1% de la población) que porta una mutación genética que les permite funcionar con 4–5 horas de sueño sin deterioro. El resto — el 99% — no tiene ese "superpoder". Seguir el ejemplo de esos pocos sin tener el gen es como intentar volar porque existen aviones.
“Dormir cuatro horas te deja cognitivamente igual que si hubieras bebido seis cervezas; el 99% de la población no tiene el "superpoder" que lo evita.