
16 de mayo de 2026
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El programa Apolo no solo trajo rocas lunares: también alimentó cucarachas, mató guppys y frustró experimentos de sexo en el espacio.
El programa Apolo no solo trajo rocas lunares: también alimentó cucarachas, mató guppys y frustró experimentos de sexo en el espacio. De las 382 kilogramos de muestras lunares recuperadas, una parte se destinó a estudios biológicos que hoy parecen sacados de una serie de ciencia ficción de serie B.
Mientras la mayoría recuerda las icónicas pisadas de Armstrong, hubo científicos que se preguntaron si el polvo lunar era comestible o si podía alterar el comportamiento sexual de los animales. Estas investigaciones, aunque hoy parecen absurdas, respondían a preguntas legítimas sobre la seguridad de futuras misiones tripuladas y la posibilidad de contaminación terrestre o extraterrestre.
El coste de estas pruebas fue alto en términos de recursos y, en algunos casos, de vidas animales. Pero también revelan cómo la exploración espacial ha estado marcada por la improvisación y la curiosidad sin límites, mucho antes de que existieran protocolos éticos estrictos.
“Las cucarachas sobrevivieron al polvo lunar, los guppys murieron y el sexo espacial nunca se consumó: la exploración espacial también tiene su lado B, lleno de experimentos fallidos y preguntas incómodas.