
14 de junio de 2026
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La secta alemana que operó como campo de tortura y refugio de exnazis en Chile sigue siendo un destino turístico. La historia que no te cuentan en los folletos.
En el sur de Chile, un complejo de estilo bávaro llamado Villa Baviera recibe turistas con cerveza artesanal y kuchen. Lo que los folletos omiten: fue Colonia Dignidad, una secta alemana que durante décadas funcionó como campo de tortura de la dictadura de Pinochet y refugio de exnazis. Hoy, sus 300 residentes —muchos hijos y nietos de los fundadores— intentan desmarcarse del pasado mientras el lugar sigue siendo un imán para visitantes que ignoran la historia.
Colonia Dignidad no es un museo ni un memorial. Es un pueblo activo que opera como empresa turística, con hotel, restaurante y visitas guiadas. Sus ingresos provienen de quienes llegan atraídos por la cerveza y el paisaje, sin saber que bajo sus pies hay fosas comunes y que el fundador, Paul Schäfer, era un exmilitar nazi que abusó de niños durante años.
Para el viajero consciente, visitar Villa Baviera plantea un dilema ético: ¿es posible separar el presente del pasado? El dinero que se gasta allí sostiene a una comunidad que aún no ha hecho justicia plena con las víctimas. La historia no es solo un dato curioso; es una advertencia sobre cómo el turismo puede blanquear crímenes.
“Colonia Dignidad no es un capítulo cerrado: es un resort que vive sobre fosas comunes, y cada visita sin conciencia es un voto por el olvido.