
23 de junio de 2026
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Catoira, un pueblo gallego de 3.000 habitantes, atrae a 40.000 turistas cada verano con su recreación vikinga. Una lección de cómo el pasado puede ser el mejor motor económico.
Cada primer domingo de agosto, las torres de Catoira (Pontevedra) dejan de ser ruinas medievales para convertirse en el escenario de una batalla que nunca ocurrió, pero que atrae a 40.000 personas a un pueblo de 3.000 habitantes. La Romería Vikinga, declarada Fiesta de Interés Turístico Internacional, moviliza a vecinos y visitantes en una recreación que incluye drakkars, guerreros con hachas y un desembarco que rememora las incursiones normandas del siglo IX.
Mientras muchos pueblos luchan contra la despoblación y el turismo de masas, Catoira ha encontrado en su pasado vikingo un motor económico y social. La fiesta no solo atrae a decenas de miles de personas, sino que genera ingresos para hosteleros, artesanos y comerciantes locales. Además, refuerza la identidad del municipio y lo sitúa en el mapa turístico internacional.
Pero hay un dato que lo cambia todo: los vikingos nunca llegaron realmente a Catoira. La recreación se basa en una leyenda local que asegura que las torres del pueblo fueron construidas para defender la ría de los ataques normandos. Sin embargo, los historiadores coinciden en que no hay pruebas de que ningún drakkar desembarcara allí. La fiesta, que empezó en 1961 como una representación escolar, ha crecido hasta convertirse en uno de los eventos más singulares de Galicia.
“40.000 turistas en un pueblo de 3.000 habitantes: Catoira demuestra que una leyenda bien contada puede ser el mejor reclamo turístico.