
6 de junio de 2026
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El 90% del tráfico entre Europa y Asia pasa por el Mar Rojo. La UE responde con un cable ártico que sortea los puntos de estrangulamiento geopolítico.
El 90% del tráfico de datos entre Europa y Asia cruza el Mar Rojo. Un solo punto de estrangulamiento geopolítico que, si se corta, deja a medio continente sin conexión. La solución de la Unión Europea: tender un cable submarino de fibra óptica a través del Ártico, literalmente por el Polo Norte.
No es ciencia ficción. La infraestructura digital global depende de cables físicos —el 99% del tráfico de internet viaja por ellos— y la ruta actual es frágil. El estrecho de Ormuz ya demostró ser un punto crítico durante las tensiones con Irán. El Mar Rojo concentra el 90% del tráfico Asia-Europa, y cualquier conflicto o accidente puede aislar a países enteros.
La UE no quiere depender de rutas que atraviesan zonas de conflicto. El cable ártico no solo es una alternativa técnica, es un movimiento estratégico para garantizar la soberanía digital europea. Y el deshielo del Ártico lo hace viable: el hielo retrocede lo suficiente como para tender cables en el lecho marino.
“El 90% del tráfico entre Europa y Asia pasa por el Mar Rojo; la UE responde con un cable submarino en el Polo Norte que sortea el cuello de botella geopolítico.