1 de junio de 2026
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120.000 personas solicitaron un empleo en IA para adultos. La oferta masiva revela un síntoma: buscamos en la tecnología lo que no encontramos en nosotros.
120.000 personas. Ese es el número de solicitudes que recibió una empresa de inteligencia artificial para un puesto de trabajo etiquetado como “la vacante más candente de la IA”. No era para programar ni para investigar. Era para entrenar modelos de IA con contenido explícito para adultos. La cifra no es una anécdota: es un síntoma.
Cuando 120.000 personas se pelean por un empleo que consiste en alimentar algoritmos con material sexual, algo dice de nuestra relación con la tecnología y con nosotros mismos. No es solo que el mercado laboral esté sediento de oportunidades. Es que hemos convertido la atención —y el deseo— en el combustible más preciado de la economía digital.
Cada uno de esos candidatos está dispuesto a dedicar horas a etiquetar, clasificar y refinar contenido que mantendrá a otros usuarios pegados a la pantalla. El coste no es solo moral o ético: es un coste de atención masivo que se desvía de actividades que podrían generar valor real, aprendizaje o conexión humana.
“120.000 personas solicitaron un empleo que consiste en hacer que otros no puedan dejar de mirar la pantalla. El verdadero problema no es el puesto, sino la demanda que lo hace posible.